¿VAGINAL O ANAL?

ELLOS, ¿CÓMO PREFIEREN HACÉRSELO A LAS MUJERES?


Hay tabúes que resultan un verdadero afrodisíaco para la mayoría de los hombres a la hora del sexo; esos que dan ese adrenalinazo y que rompen con aquellos tradicionalismos de los que ya están un poco aburridos.

Bondage, juego de roles, juguetes, sorpresas… Pero ¿qué hay del sexo anal hoy en día?

En décadas anteriores –específicamente, las últimas del siglo pasado–, era un deseo que rayaba en la fantasía y se quedaba en eso, en el mero antojo que ellos sólo satisfacían con el porno ‘más salvaje’, mientras nosotras ni enteradas o lo descubríamos indiscretas en el historial de la computadora de nuestro chico con dicha categoría.

¿Nuestra reacción? Yo hice como que no pasaba nada y buscaba otras opciones que compensaran su capricho un tanto radical para esa Liliana de inexpertos veintitantos añitos. Él nunca me lo pidió.

Ahora es más común; la curiosidad ha dado el paso trascendental y la mayoría ya lo hablamos más abiertamente; qué nos gusta, qué se le antoja a él, qué se me antoja a mí, qué no. Y conforme hay más comunicación, todos somos más plenos, equitativos, aunque también más reflexivos en pro de la salud sexual.

Sin embargo, pareciera que lo anterior ha hecho que uno le esté ganando la carrera al otro, esto es (y mis experiencias lo avalan): algunos prefieren el sexo anal que el vaginal.

Obviamente, varios de mis amantes han sido de lo más creativos, considerados y erotizantes para lograr una buena estimulación en esa parte del cuerpo y, así, con ellos lo he practicado con riquísimos resultados, pero ¿qué pasa cuando a las mujeres TAMBIÉN nos gusta hacerlo por esa cavidad tan sensible, cachonda y mucho más fácil de adaptarse a su miembro que es toda sabrosura?

Unos cuantos de estos honorables muchachos se han limitado a ello, como otros con algunas de mis amigas…

Ok, nosotras nos damos la oportunidad de experimentar sensaciones, reacciones y hasta escenas diferentes –lo visual es taaan explosivo–, así como les dimos a ustedes permiso de hacerlo por ahí… sin embargo, de ahí ha partido el engolosinamiento de algunos para que la noche sólo se reduzca al sexo anal y nuestra amiga de mil batallas sexuales sea visitada nomás para entrar en calor o por simple requisito.

Las razones más comunes son tres:

1. El ano es menos flexible; por eso, es más estrecho y, en consecuencia, hay más estimulación para el pene. Pero, chicos, si no nos dan la oportunidad de sacarle provecho a nuestros ejercicios de Kegel, que incluyen contracciones diarias y continuas para tonificar la musculatura vaginal y apretar más rico, los únicos que satisfarán sus deseos serán ustedes.

2. Porque penetrarnos por ahí resulta más excitante y le sube dos rayitas a la virilidad; les hace creer que un verdadero macho alfa, lomo plateado y demás adjetivos de pacotilla que enaltecen la masculinidad logra cosas sin precedentes en el cuerpo de su mujer; eso que “ningún otro hombre se lo ha hecho”… Sí, pero además nos encanta que toquen botones internos que otro varón no, y ésos, bien lo sabes, se encuentran en la vagina.

He enloquecido más por los hombres que me detonan orgasmos vaginales, que los que me dan por detrás, mientras yo por mi cuenta me consiento a través del clítoris.

3. Porque por fin cumplen la fantasía y ahora pueden emular aquellas escenas porno que tanto ayudaron en épocas anteriores.

En toda práctica sexual que resulta más extasiante que las convencionales también hay un equilibrio, ya que por más prendidos que los pongan, ejecutar siempre lo mismo resulta doloroso, aburrido o hasta deprimente, es decir, insatisfactorio.

Ahora que si ella lo prefiere anal, todos contentos. Pero ¿ya se lo preguntaste?
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