La COMPAÑÍA de una ESCORT

La Dulce Compañía de una ESCORT


Hace algunos años, un amigo me dijo que no necesitaba una pareja para ir a la boda de su hermano sin sentirse fuera de lugar y que sólo requería un anuncio de periódico para contratar a la compañera perfecta. Entonces, yo tenía una vaga idea de lo que era una escort; “pero el pago incluye sexo, ¿no?”, le pregunté con la ingenuidad de la Liliana de veintitantos añitos.

En épocas anteriores, las escorts se dedicaban esencialmente a ser chicas de compañía, mujeres hermosas con características para “ser presentadas en sociedad” y, como extra, tener beneficios sexuales. Hoy, el objetivo inicial es disfrutar el sexo con ellas por medio de una agencia sin tener que salir a las calles en su búsqueda, o en el caso de Samantha, por medio de su Twitter @samixcuore, desde donde la contacté para saber más sobre su historia. Las especificaciones de su trabajo incluyen su Whatsapp y algunas aclaraciones que el varón debe tomar en cuenta porque si no, no hay trato.

Cuando la hallé en mi lista de sugerencias, leí uno de sus tuits que confirmó mi teoría sobre la seriedad de cualquier empleo por singular que éste sea: respeto y sin vacilaciones ni pesadeces:

“Chicos, cuando no respondo whats es por tres cosas”:

1 — Estoy ocupada (y lo ideal es llamar)

2 — Están preguntando tonterías

3 — Sus preguntas son ofensivas

“Cuando pidas informes, sé directo, no me ofendo”

“No busco amiguitos”

“A ustedes no les gusta que los molesten en su trabajo, ¿verdad? ¡No lo hagas tú!”

“Disculpen, pero prefiero ser directa”

(Si todos pusiéramos normas sobre la mesa antes de contratarnos, nos iría mejor en el trabajo, ¿no?)


Como Sam es una persona muy ocupada, además de graciosa y entretenida a través de sus publicaciones (si vieras los GIF ardientes que retuitea, en serio que engancha), no fue posible tenerla en persona para preguntarle algunas dudas para este post. Así que, gentil, respondió por medio de un email; “claro que sí, con lo que pueda contribuir, con gusto”, me contestó en un DM esa chica voluptuosa, castaña, que le fascinan los zapatos de tacón bien alto (armas letales, caballeros) y las crepas con helado de vainilla.

Sam está orgullosa de lo que hace, aunque debió elegir esta opción para cubrir lo que en ese momento le hacía falta: “Comencé a dedicarme a esto cuando se agotaron las opciones laborales y la necesidad me alcanzó”, respondió contundente con respecto a un trabajo que conlleva cierto peligro, pues las condiciones, aunque bajo el control que le es posible tener, la exponen a una constante vulnerabilidad: “Claro que lo he vivido, en este negocio siempre hay riesgos para ambas partes, para quien contrata y para quien brinda el servicio”. Un ejemplo de que no todo es satisfacción por muy selectiva que ella sea: “Hay tanto cosas muy agradables como todo lo contrario; vivo buenos y malos momentos, aunque todo es parte de esta profesión”.

¿Y quiénes son los que la contratan por sus sensuales habilidades? “En esto hay público para todo, pero regularmente mis clientes son personas solventes… Y uno que otro curioso”, dato que interpreto como aquellos a los que les gustaría experimentar algo más que el convencional misionero o, simplemente, saber de qué se trata eso de ser escort gracias a las sugestivas imágenes que sube a su red tuitera con poses increíblemente candentes.

Pero vamos más allá de su muy profesional servicio para cumplir los deseos de un varón; es decir, ¿qué hay de ella y su entrega sólo en cuerpo y experiencia amatoria? “¿Enamorarme? Sí, me ha pasado; sucede cuando hay ese ‘clic’ que traspasa la barrera del plano sexual; esos también son los riesgos a los que una se enfrenta al estar con las mismas personas; pero, finalmente, con ellos se da una buena amistad”. Algo así como “atrás de la raya que estoy trabajando”… estar al margen de un sentimiento más profundo, pues.


Sin embargo, sí que hay un gran amor en su vida: “Tengo una pareja desde hace tiempo y sí, sabe que tengo mi lado B; él respeta mi profesión y le agradezco infinitamente que comprenda mi estilo de vida”. Queridos, el corazón de este bombón ya tiene dueño. #Sorry.

Así como en la historia de muchos, su cotidianidad es sencilla, pero no por ello menos disfrutable, como sus aficiones y querencias: “Soy una persona como cualquiera; tengo actividades fuera de esto, como un trabajo formal, el cual coordino con el de ser escort; me gusta ir al gimnasio (por eso su fenomenal anatomía), tengo una familia, etcétera. Éste es un trabajo como otros… aunque no lo parezca”, enfatiza por ese continuo estigma que aún se le cuelga al sexoservicio y, por ello, me confiesa que prefiere mantener el secreto a sus seres más queridos: “No, no lo saben; como te digo, es mi lado B”… Pero, ¿quién no tiene uno bien guardadito y sólo lo hemos revelado a unos cuantos? Sin duda, el sexo es un cuerpo geométrico con muchas caras, no me desmentirás.


Samantha tiene aspiraciones, metas, y no todos se centran en su trabajo: “No sé qué me prepare el futuro; mis objetivos poco a poco se han cumplido y, en un tiempo, espero estar fuera de esta profesión, tener más tranquilidad y darle a mi familia tiempo de calidad, sólo eso”… Pero mientras eso sucede, mi querida entrevistada no desaprovecha en lo absoluto lo que ha definido como su otra vida: “No lo voy a negar: me encanta tener mi lado perverso”. ¿A quién no?

¿Alguna vez has contratado a una escort o has pensado en hacerlo?


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