CADA QUIEN SUS FANTASÍAS

Para fantasear no hace falta mucho


Para fantasear no hace falta mucho. Eso es lo que pensé justo después de que un hombre me pidió que vistiera mi uniforme de azafata. No les diré con puntos y comas lo que ocurrió, pues ya les estaría dando excusa para dejar volar la imaginación y eso es precisamente lo que quiero demostrar que no hace falta.

Tengo la teoría de que si se es lo suficientemente creativo –o por lo menos caliente–, no hay necesidad de conducirse al baño de un avión y subirle el vestido a la azafata (cosa que por cierto no ocurre) para obtener una escena efectiva de autocomplacencia.

No voy a negar que las mujeres podemos también asistirnos durante el ‘warm up’ con imágenes de ustedes en diversos atuendos, como la clásica y aún vigente facha de piloto con todo y gafas raibaneras, traje de bombero o de alto ejecutivo; aunque también lucen sexis en su uniforme de fútbol, pero en mezclilla y chamarra de cuero funciona igual o todavía mejor, en bóxer de licra de los que dejan apreciar bien las formas. La realidad es que las mujeres no requerimos tanta cosa, podemos pensarlos sin nada, erectos eso sí porque no se nos olvida nuestro objetivo y por lo que hicimos este breve recorrido para empezar.

Por eso digo que el pretexto es lo de menos. Claro que si quieren imaginarnos de porristas,  enfermeras o azafatas con medias de encaje a medio muslo (que lamento decirles, amables lectores, no son exactamente así), siéntanse libres de hacerlo y sin la menor culpa porque nosotras nos las arreglamos también muy bien.


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